Apertura de Sesiones Legislativas: Mauricio en el país de las maravillas

El Presidente Mauricio Macri inauguró el periodo de sesiones ordinarias en el Congreso. Su discurso no fue distinto al de las otras oportunidades. Pero en el fondo se podía percibir que algo está cambiando. Hasta el año pasado podía darse el lujo de pintar una realidad que no existía y cualquiera podía caer en la esperanzadora tentación de creer ese relato. Ahora el clima parece ser otro. Su inicial teoría de que todo comenzaría a funcionar de maravillas en el segundo semestre mostró el año pasado que ese esperado semestre se extendía demasiado. Ahora, un semestre de dos años es demasiado.  

“Vamos a dejar de endeudarnos y se van a multiplicar las inversiones en un país confiable”, anunció el Presidente. Un poco tarde. Argentina está navegando en el proceso de tomar deuda para pagar intereses de deuda. Y es dudoso que las inversiones que se necesitan vengan a un país que tiene como principal negocio la “timba financiera”. Los intereses de las Lebacs son más rentables que cualquier emprendimiento productivo. 

Acerca de la inflación, dijo que “a medida que los argentinos vimos que emprendimos un camino claro de inflación en baja, empezamos a recuperar el ahorro”. Otro choque con la realidad. En la Patagonia, según el propio Indec, la inflación de enero fue del 2,6%. Las más alta en mucho tiempo. No hay, además, ningún dato relevante que justifique las palabras del Presidente, sobre todo considerando que se está tratando de bajar la inflación mediante el mecanismo de quitarle a los que menos tiene la capacidad de consumo. 

“Estoy acá porque realmente quiero que cada uno de ustedes sienta que su vida mejora, que tengan esa oportunidad concreta que antes no tenían, que cada uno pueda ver cómo su vida va avanzando”. Fue otra de las frases resonantes del mandatario. En el mismo camino afirmó que desde su gobierno “vinimos a reducir la pobreza y a asegurarnos que ningún argentino pase hambre”. Una especie de variante del anunció de pobreza 0 formulado en otras oportunidades. 

“Un Estado al servicio de la gente, además, es un Estado que ordena sus cuentas. No podemos gastar más de lo que tenemos.”, aseguró para reforzar el recorte y ajuste en el Estado. Por lo pronto, además de los despidos, comenzaron con el ataque a los ingresos de los jubilados, pensionados y beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo. Un colectivo que se encuentra mayoritariamente bajo la linea de pobreza y algunos, empujados por este tipo de medidas, por la suba de tarifas, los fuertes aumentos en medicamentos y artículos de primera necesidad, pasaron a engrosar las cifras de la indigencia. 

También hablo del mercado laboral. En ese país imaginario, al que hacia referencia el Presidente, “la desocupación está bajando y el total de trabajadores registrados aumentó en casi 270 mil”. Tampoco mostró datos fidedignos que refuercen esa aseveración. La realidad indica otra cosa, quizá por eso se animó a hablar del “crecimiento invisible”.

Sobre el final Mauricio Macri hizo un llamado a sentir “el orgullo de pertenecer a la generación que está cambiando la Argentina para siempre”. Y sus legisladores le respondieron con el clásico “Sí , se puede”. Como para que quede en claro que en ese país donde se premia el “esfuerzo” de los que siempre tuvieron todo, donde el Estado de mano dura vuelve a ser elogiado, donde para los que menos tienen existen palabras vacías, y para las mil familias más pudientes negocios formidables, el Presidente no está solo. 

 Como corolario de que el país que el Presidente sigue describiendo es sólo una vaga expresión de deseo, al termino de su discurso saludó a una plaza vacía. O de miles y miles de argentinos imaginarios que lo vivaron por lograr tanto en tan poco tiempo. Todo depende del lugar en el que nos paremos a mirarlo. 

 

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