El “circo De Vido” como cortina de humo para no hablar de los problemas cotidianos en medio de la campaña

El macrismo sabe que si la discusión electoral se centra en los problemas derivados de sus decisiones políticas es probable que el resultado de las elecciones, sobre todo en la provincia de Buenos Aires, sea una derrota mayor a la que, por lo bajo, reconocen que se podría dar. 

La Alianza Cambiemos llegó al gobierno fundamentalmente por dos hechos. El primero, mintieron sobre las medidas que iban a tomar. Hicieron de aquel recordado dicho de Carlos Menem, “si decía lo que iba hacer no me votaba nadie”, una segunda parte con las mismas consecuencias. En segundo lugar, trazaron un gran frente con el principal grupo de medios de la Argentina y con un sector surgido mayoritariamente del peronismo que fue clave en la estrategia electoral de definir la elección en la segunda vuelta: el Massismo.

Es tan notoria la alianza que ambas fuerzas políticas sostienen que en el intento de expulsión de De Vido volvieron a mostrarse en sintonía, como en la mayoría de las leyes que el gobierno de Mauricio Macri necesitó, y que terminaron siendo perjudiciales para la mayoría del pueblo argentino. Al margen de que algunos de sus dirigentes son parte del Gobierno de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires.

Cambiemos tiene en Durán Barba un hombre que pasó de ser un simple consultor a definir los pasos que se deben dar, ademas de dictar lo que se debe decir ante cualquier circunstancia. El ecuatoriano es el verdadero poder detrás del trono. Y sabe que la elección va por mal camino, entonces no quiere que se discuta de economía ni los problemas cotidianos derivados de decisiones desacertadas. Y plantea que la alternativa es honestidad o corrupción.

Claro que ubica al Kirchnerismo en la segunda categoría, olvidando las denuncias que pesan sobre la actual administración, partiendo de que el presidente fue llamado “contrabandista” alguna vez por su, ahora, socia Lilita Carrio. O definido como un “empresario ligado al robo del país”, por la misma verborrágica dirigente. 

El gobierno no quiere discutir la realidad, y utiliza todo su poderío mediático para imponer otra agenda. Mientras debatimos si se debe o no expulsar a De Vido, aún en contra de lo que expresamente estipula la Constitución Nacional, el país sigue a la deriva. Desempleo creciente, inflación de artículos de primera necesidad muy por encima de los números que “dibuja” el Indec, consecuente crecimiento de la pobreza, y tal vez lo más grave por sus efectos sobre las futuras generaciones y la dificultad para alcanzar una solución a corto plazo: el sideral aumento de la Deuda Argentina. 

En estos días, leeremos ríos de tinta y escucharemos miles de palabras en los medios de comunicación, sostenes del Gobierno Nacional, defenestrando a todos los Diputados que se opusieron a la expulsión de Julio De Vido. Pero sepamos que en el fondo todo es parte de la misma puesta en escena: ocultar la realidad, hacernos olvidar que están gobernando para los grandes capitales en desmedro de las clases populares.

Esta es la realidad, aunque ahora los Lanata, Morales Solá, Majul, Leuco, y los demás mercenarios de la palabra, salgan a decirnos que estamos frente a una batalla épica, y que el gobierno necesita más votos para garantizar el triunfo del bien en esta sanguinaria lucha contra los corruptos que se robaron la Argentina. 

 
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