Camino a las PASO: la “generosidad” del Pro con el Radicalismo rionegrino

Hace menos de cuatro meses, María Inés García, la ex presidenta de la Unión Cívica Radical en Río Negro, dijo en una entrevista radial que “el radicalismo va a salir profundamente lesionado de cambiemos”. A juzgar por los acontecimientos recientes, todo parece indicar que la dirigente de General Roca podría llegar a tener razón.

El radicalismo rionegrino fue parte de la concertación Kirchnerista hace no demasiado tiempo, desde la aparente convicción de que el tradicional partido tenía que enarbolar esas banderas. Luego vino la debacle total en Río Negro, y pasaron de tener la gobernación a quedarse con un sólo escaño en la legislatura. Un retroceso visible.

Entonces, apareció la opción de integrar la alianza Cambiemos y respaldar la candidatura de Mauricio Macri, un hombre que expresa lo que sus principales figuras históricas hubieran combatido. Cualquier lector de la historia nacional sabe que Alem, Yrigoyen y, hasta, quizá, el propio Alfonsín nunca hubieran acompañado esta gestión de gobierno. Bajo ningún punto de vista.

Así llegaron al presente, y a la definición de los candidatos a Diputados Nacionales de la Alianza Cambiemos. Y el Pro, con un armado muy precario en Río Negro, les cedió la principal candidatura. Tanta generosidad, hacia el radicalismo, podría suponerse que se debe a que buscan compensar que, orgánicamente, no les hayan dado lugares de construcción reales; por ejemplo, en el manejo de los organismos nacionales en la provincia.

Pero parece que la realidad es otra. Todas las encuestas, aún las más optimistas dicen que Cambiemos en Río Negro no podría sacar más del 10 % de los votos, en cualquier escenario y con cualquier candidato. Marcos Peña, el dueño de la lapicera, a la hora del armado de las listas, tiene en su poder esos datos.

Si la elección se provincializa, existirá una polarización entre el Frente para la Victoria y Juntos Somos Río Negro y terminaría con un Diputado para cada uno, sin importar quien gane, ya que la diferencia con el resto es sustancial. El Partido del Gobernador buscará está alternativa.

En cambio si la elección se nacionaliza, apuesta que prefiere el peronismo y también Cambiemos, se repetirá el mismo escenario anterior, quizá con una leve ventaja favorable al Frente para la Victoria. Muchos rionegrinos que respaldan la gestión del presidente ven en el gobernador un aliado, un hombre “del palo”, y a la hora de votar un respaldo al gobierno de Mauricio Macri preferirían hacerlo por un candidato de Juntos Somos Río Negro.

Este es el escenario que no desconocen en Casa Rosada, de allí nace este gesto de fuerte contenido emocional para el radicalismo, dejarlos que encabecen la lista. En definitiva, hacerlos padres de una derrota absoluta y contundente. Pero en el radicalismo rionegrino no todos son “nenes de pecho”. La mayoría de los dirigentes lo saben, por eso no hay un nombre de peso disputando la candidatura principal, por eso dos desconocidos para el 90% de los rionegrinos serían los candidatos: Lorena Matzen y Sergio Capozzi.

Al Pro rionegrino le gustan los nombres, porque al tener un altísimo grado de desconocimiento, la responsabilidad del resultado tendrá un sólo destinatario: la Unión Cívica Radical, qué encabezará la opción electoral. Y a partir de esa debacle pretenden relanzar la Alianza en Río Negro después de Octubre; eso sí, los derrotados tendrán que ocupar un papel mucho más secundario que ahora.

Esta es la dinámica que le impone el Pro Nacional al armado de las listas, define los nombres sólo en los lugares en los que piensa que tendrán un buen resultado. En las provincias en las que las encuestas les arrojan números irreversibles deja el armado en manos de los aliados.

En el fondo pretenden generar las condiciones para avanzar en la construcción de un partido más fuerte, después de octubre, que dependa cada vez menos del humor de los aliados. Así el partido que le prestó a Macri la estructura nacional en la elección presidencial, se empieza a quedar con las manos vacías. Y con la sensación de que ya no son necesarios, si de ganar elecciones se trata.

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