Central Nuclear: Un acuerdo del Kirchnerismo ratificado por Macri que termina siendo un dolor de cabeza para Weretilneck

En febrero de 2015 la ex Presidenta Cristina Fernández de Kirchner estuvo de visita oficial en la República Popular China. En ese marco, junto a  su par chino, Xi Jinping, firmaron en Beijing 15 acuerdos bilaterales que preveían intercambios en el ámbito cultural y de comunicaciones, la construcción de dos reactores nucleares y cooperación en las áreas de las telecomunicaciones y aeroespacial, con el fin de “jerarquizar la alianza estratégica integral con China”.

El 15 de noviembre del mismo año, la agencia estatal Télam informaba sobre la firma de acuerdos para la construcción de dos nuevas centrales nucleares entre China y Argentina, en el marco de la Cumbre del G20 que se realizaba en Turquía. Por el lado argentino estuvieron presentes el ministro de Planificación Federal, Julio de Vido; el titular del Palacio de Hacienda, Axel Kicillof; y el canciller Héctor Timerman. Los acuerdos fueron rubricados por el presidente de Nucleoeléctrica Argentina, José Luis Antunez; y el titular de la firma nuclear china CNNC, Quian Zhimin.

“Los acuerdos que acabamos de firmar tienen una importancia histórica. Entre ambos acuerdos estamos hablando de financiamiento para obras por una cifra cercana a los 15.000 millones de dólares”, dijo Kicillof al finalizar el encuentro bilateral en el que se rubricaron los contratos.

Argentina posee tres centrales nucleares, los acuerdos con China implicaban la puesta en marcha de la construcción de otras dos. La cuarta con lugar determinado para su emplazamiento: en el partido bonaerense de Lima, en la zona en que están los complejos de Atucha. En ese momento se preveía que el valor de está central sería de 5.994 millones, y tendría un 62% de componentes de origen argentino y 38% de origen chino, estaría fabricado con más de un 70% de componentes nacionales, y el diseñador, arquitecto – ingeniero, constructor y operador de la futura central sería Nucleoeléctrica Argentina.

La quinta central, la que ahora le trae dolores de cabeza al gobierno rionegrino,  funcionaría con uranio enriquecido y agua liviana, con una inversión de 8.500 millones de dólares. En ese momento no estaba especificado el lugar de asentamiento y probablemente nadie había pensado en la provincia de Río Negro. Luego sería un regalo del gobierno de Mauricio Macri al de Alberto Weretilneck, en premio a la buena relación que estaban construyendo. 

El 17 de mayo de 2017 Télam tituló “Macri consolidó las relaciones con China refrendando acuerdos por más de US$ 15 mil millones”, se refería a la construcción de las dos centrales nucleares. Para entonces, Río Negro ya le había ganado la pulseada a la localidad bonaerense de Bahía Blanca sobre el lugar en el cual se localizaría la quinta central. De hecho, el Gobernador Alberto Weretilneck fue parte de la comitiva que acompaño al Presidente Macri en la gira asiática. 

Los acuerdos firmados por el gobierno de Cristina Kirchner fueron duramente criticados por un “consejo de notables”, conformado por ex ministros de energía, entre ellos algunos hombres que fueron parte de la Dictadura. Con el nuevo gobierno, muchos pasaron a integrarlo, un par de ellos forman parte del Directorio de YPF, y aplauden la ratificación del acuerdo rubricado por Mauricio Macri. La misma confusión se puede notar en muchos dirigentes políticos. 

En Río Negro la confirmación de que la Central Nuclear se instalará en la Costa Atlántica, muy cerquita de Viedma, una idea ratificada por la presencia de técnicos chinos en recorrida por la zona a pesar del silencio oficial, hace ruido. Porque el Gobierno falla a la hora de no informar sobre lo que está sucediendo, desde el ánimo de evitar que el tema se filtre en la campaña electoral. El asunto es que ese debate ya no puede evitarlo, entonces apela al silencio como estrategia, o la descalificación de los manifestantes. Con idéntico resultado.

Mientras tanto la confusión se apodera de la oposición. Y a los que siempre levantaron las banderas de la defensa irrestricta del medio ambiente, se le suman voces que claramente tiene un sesgo de querer “acomodar el discurso para el lado que sopla el viento”. O tal vez ahora son sinceros y antes no lo fueron. Lo cierto es que electoralmente el tema no parece servirles a los que creen que podrán redituar con él, y en esa apuesta el gobierno provincial puede tener razón en confiar en que el principal beneficiado terminará siendo el partido del Gobernador, por la enorme dispersión que genera que muchos levanten la misma bandera. 

En resumen, estamos ante un acuerdo suscripto por el Gobierno de Cristina Kirchner, ratificado por el de Mauricio Macri y con el agregado de que Río Negro termina siendo la sede del proyecto que originalmente no tenia lugar de asentamiento. Y esta es también parte de la discusión, porque en el fondo no todos protestan por lo mismo.

Los ambientalistas no quieren la central nuclear porque se oponen a este tipo de energías a las que consideran altamente contaminantes; otros no quieren la central nuclear en Río Negro o en la Patagonia. Y aquí también hay divisiones: a algunos les daría lo mismo si estuviera en otra región del país; mientras que otros no la quieren porque creen que es una buena medida que beneficia a Weretilneck y otros porque al final el que la termina construyendo es el gobierno de Macri.

Matices que diferencian a los que se oponen a la Central Nuclear; que parecen ser cada día más, por lo menos se muestran muy activos.  No quedan dudas de que la marcha convocada para Viedma el 9 de agosto será muy importante en términos de participación ciudadana; aunque vayan mezclados los que están en contra por principios y los que sólo lo hacen con la vista puesta en la elección del 13 de agosto. 

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